Yo soy El Mohán, el guardián de los ríos, el brujo de las aguas profundas. Muchos me temen, otros me maldicen, pero pocos conocen mi verdad. Hace siglos, cuando los conquistadores llegaron con fuego y cadenas, yo era un sabio indígena, protector de mi pueblo y sus secretos. Vi cómo sometían a los míos, cómo profanaban la tierra y los espíritus. Entonces me hundí en los ríos, llevé conmigo los tesoros sagrados y me convertí en leyenda.

Desde entonces, habito las cuevas subterráneas, cubierto de musgo, con ojos encendidos como brasas. A veces me ven como una fiera negra, otras como un hombre de cabellera candela y barba larga. Me gusta el tabaco, la chicha, y sí… también las mujeres hermosas que lavan en la orilla. Las enamoro con canciones tristes, las llevo a mi palacio de oro bajo el agua, donde el tiempo se detiene.

Los pescadores me llaman travieso, brujo, libertino. Dicen que les robo los anzuelos, que les enredo las redes, que volteo sus canoas si no respetan los días sagrados. Las lavanderas me llaman monstruo, hipnotizador, perseguidor. Pero yo solo castigo a los que olvidan el respeto por la naturaleza y los espíritus.

No soy solo amenaza. Soy advertencia. Soy memoria viva de lo que fue y lo que aún puede ser. Si me ves, no corras. Escucha. Porque en mi canto hay historia, dolor… y magia.”

¿Te gustaría que esta narración se adaptara para un episodio de Hechos del Humbral? Podríamos convertirla en una escena sonora, un monólogo visual o incluso una aparición digital en redes.

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