La última noche que Camila pasó allí, el espejo ya no tenía grietas. Estaba limpio, brillante, como si esperara algo. Ella se acercó, hipnotizada, y vio su reflejo… pero no era ella. Era Isabela, sonriendo. Camila gritó, pero nadie la escuchó.
Cuando la casera entró al día siguiente, el apartamento estaba vacío. Solo el espejo seguía en su lugar. Y en el cristal, una nueva grieta… con una gota de sangre que parecía fresca.
¿Quieres que exploremos qué pasó con Camila después? ¿O quizás que el espejo aparezca en otro lugar, con nuevos protagonistas? Esta historia aún tiene mucho por revelar
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Perfecto. Aquí tienes el desenlace de la historia de Camila, con un giro oscuro que la lleva al límite de la cordura:
Después de aquella última noche frente al espejo, Camila fue encontrada por la policía caminando descalza por la avenida principal, con la mirada perdida y las manos cubiertas de sangre. No era suya. Murmuraba frases incoherentes: “Ella está libre… ya no necesita el cristal… ya no necesita el cristal…”
La llevaron al hospital, pero los médicos no encontraron lesiones físicas. Sin embargo, su mente estaba fragmentada. No reconocía a nadie. No respondía a su nombre. Solo repetía una palabra: “Isabela”.
Fue internada en el Hospital San Rafael, un centro psiquiátrico a las afueras de la ciudad. Allí, los doctores intentaron reconstruir su historia. Pero cada vez que alguien mencionaba espejos, Camila entraba en crisis. Gritaba, se arañaba el rostro, y decía que “ella viene por los reflejos”.
Una noche, una enfermera encontró a Camila en su habitación, sentada frente a la ventana, que reflejaba la luna. Estaba sonriendo. En el vidrio, con la punta de sus dedos, había escrito: “Ahora somos dos”.
Desde entonces, los espejos fueron retirados de su habitación. Pero los pacientes del pabellón aseguran que, algunas noches, se escucha a Camila hablando con alguien. No con los médicos. No con los otros internos. Con el cristal.
Y lo más inquietante: cada vez que alguien nuevo llega al hospital, Camila se acerca, lo observa… y dice: “Tú también tienes un reflejo roto”.
